martes, 18 de noviembre de 2008

La transnacional de los alimentos

Publicada en Revista Clarín Rural y Suplemento Clarín Rural




La barrera del idioma desplomada de un plumazo sobre el piso. Gestos, traductores ocasionales y los mismos alimentos como vehículos para que productores de 154 países de los más diversos se comunicaran unos con otros para contarse sus propias experiencias, y nutrirse de otras. Una verdadera transnacional de los alimentos resultó ser esta tercera edición de Terra Madre, organizada por el Movimiento Slow Food, del 23 al 27 de octubre pasado, en la ciudad de Torino, en el apacible norte italiano.
Con la mirada puesta en las economías regionales, el rol de la agricultura ante la crisis mundial, el trabajo en red, el respeto por las tradiciones alimentarias y el cuidado del medio ambiente, Terra Madre se convirtió en un gran foro de discusión entre pescadores artesanales, pequeños agricultores, cocineros, académicos y jóvenes.
Y la Argentina no quedó atrás, sino todo lo contrario, ya que tuvo una destacada actuación motivada por los 85 argentinos que además de exponer y contar sobre lo que producen y cocinan, intervinieron en reuniones regionales con representantes de otros países latinoamericanos y en charlas sobre el aprovechamiento de los recursos, la educación alimentaria y como definir precios justos, entre otros temas que continúan discutiéndose a través de foros por internet.
Productores de cerveza, de pimentón, de papas, de maíces, de quesos y de dulces, entre otros, representaron a nuestro país mostrando sus productos, contando sobre cómo los producen, que problemas afrontan y como los comercializan.
"Somos el único envasado de mariscos del golfo San Matías, todos escabechados. Heredamos las recetas de nuestros abuelos y padres pulperos", comentó Isabel Romero, de la Cooperativa de trabajo Suyai Lafquen, que significa Esperanza en el mar en lengua Mapuche, integrada en su mayoría por mujeres de la localidad de San Antonio Oeste, Río Negro.
"Participamos de charlas sobre pesca e intercambiamos ideas y proyectos entre los mismos productores argentinos. Además representantes de Slow Food de la Toscana, Italia, seleccionaron nuestros productos para una degustación que harán el año que viene", comentó orgullosa. Con ventas mayoristas a Puerto Madryn, Bariloche y buena parte del sur argentino, el paso siguiente para la cooperativa es ampliar la fábrica.
Otra representante argentina fue Graciela Pirri, que desde Luis Beltrán, Río Negro, llevó sus picadas procesadas sobre la base de carnes típicas de su zona como el jabalí, cerdo y cordero. En dulces no faltaron los alfajores Carú Ñe de Venado Tuerto y la miel de abeja nativa del monte misionero de Campo Ramón, de la Cooperativa Apícola los Inmigrantes.
Gorai, en gales "el mejor", es el nombre de una cooperativa conformada por tres familias que creció junto al INTA de Trelew, Chubut, y que se dedica a la elaboración de quesos y de carne de oveja. En Terra Madre se lució con sus quesos elaborados con leche de oveja de una raza creada del cruzamiento entre la raza Texel y Frisona. "La idea fue contar como trabajamos, desde el ordeñe hasta con la alimentación de los animales", dijo Lidia Astuti. Hoy la cooperativa cuenta con un plantel de 300 ovejas madres.
"La valorización de los alimentos como hecho cultural. La vinculación con el territorio, con la cultura local es el eje de este proceso", comentó el presidente de Punto Slow Food, Hugo Cetrángolo. "Es importante el encuentro entre los cocineros y los pequeños productores, para que estos últimos también se den cuentan que lo que ellos producen es de alta calidad", agregó.
Durante los 5 días los organizadores pusieron el ojo en las grandes temáticas de la producción alimentaria, enfocadas desde un punto de vista de una necesidad de que los alimentos sean de calidad, es decir atentos con los recursos ambientales, los equilibrios planetarios, el aspecto organoléptico de los productos, la dignidad de los trabajadores y la salud de los consumidores.
En el cierre del Encuentro, Carlo Petrini, presidente de Slow Food, dijo que la agricultura no es sólo un sector económico sino también visión holística, de respeto y convivencia. El derrumbe económico "no es una crisis pasajera: es histórica y será larga. Estamos preocupados pero sentimos también que ya era hora de que acabara la vergüenza de las especulaciones. Esta crisis llevará a tener más respeto por la economía real, la agricultura, la artesanía. Terra Madre no es, como algunos creen, un encuentro pacífico de una humanidad pobre y marginal, sino un conjunto de personas que constituye la mayor multinacional virtuosa del alimento".
El mensaje fue claro, y quedó impregnado en las más de 10.000 personas que formaron parte del encuentro: pues el desafío para los organizadores de Terra Madre pasa ahora por continuar este inmenso sendero nacido del gran intercambio de ideas de productores de todo el mundo. El tiempo lo dirá.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Ser, no ser y querer ser

Publicado en el suplmento iEco de Clarín, agosto de 2008.
El dilema entre lo que el mercado laboral demanda y las elecciones de carrera de los más jóvenes se repite año a año. Por un lado, se buscan egresados de carreras como Ingeniería, Geofísica, Ciencias de la Tierra, Informática o Tecnología, y por el otro, los estudiantes siguen volcándose de manera mayoritaria hacia las opciones más tradicionales, como Abogacía, Ciencias Económicas y Medicina. "El problema está en los mayores, porque ni siquiera las escuelas en las que hay gabinete psicopedagógico o psicológico se introdujeron materias o profesores que informaran sobre las necesidades actuales del mundo laboral", explica Graciela Attiná, directora de Psicodiagnóstico y Orientación Vocacional de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA).
La inclinación hacia las carreras tradicionales se da en un contexto de mercados laborales muchas veces saturados, pero que por tratarse de ámbitos profesionales consolidados, siguen siendo las alternativas más tentadoras. "Los jóvenes no saben elegir o no pueden elegir porque no conocen lo que hay y en qué se los va a necesitar. Pero también hay que promover las carreras que van a tener salida laboral inmediata", desarrolla Attiná.

Edith Litwin, secretaria de Asuntos Académicos de la Universidad de Buenos Aires, coincide en que "hay mucho más conocimiento a través de los medios de las carreras tradicionales, que a la vez son las que más prestigio social tienen.Deberían desarrollarse más políticas nacionales para la difusión de carreras como las de ingeniería.Muchos jóvenes simplemente no saben que existen carreras que tienen salida laboral asegurada, y eso es un error", sostiene la funcionaria de la UBA, universidad que también dará charlas de orientación durante la Expo.Como incentivo para estudiar las carreras no tradicionales, las expertas también coinciden en programas de becas.

"Hay que brindarles a los chicos información previa: sólo se puede elegir sabiendo qué hay", agrega Attiná. "La televisión, un medio que ven todo el tiempo, no informa que la sociedad necesita especialistas en física, química, salud; que se puede ser técnico en hematología, en ortodoncia, en óptica. Se desconocen casi todas las carreras y más aún las nuevas", sintetiza la especialista.

viernes, 16 de mayo de 2008

Viaje al corazón de la protesta

PUBLICADO EN CLARÍN RURAL

Crónica desde corazón de la protesta


El miércoles 14 el acto organizado por la Sociedad Rural de Venado Tuerto reunió a familias y productores de todo el sudeste Santa Fe y Córdoba. El viaje desde Buenos Aires hasta Venado mostró una radiografía fiel de este campo en pie de lucha.
Viajar hoy desde Buenos Aires hacia Venado Tuerto, en el sur de Santa Fe, zona agrícola por excelencia y de tambos de muy buena calidad, es toda una aventura en la que uno se encuentra con productores distribuyendo folletos, planeando "escraches" e invitando a parar a los pocos camioneros que transitan por las rutas.
Salimos el miércoles 14 de mayo bien temprano para presenciar el acto organizado por la Sociedad Rural de Venado Tuerto en la rotonda que une a las rutas 8 y 33 en las afueras de la ciudad, donde productores de todo el sur de Santa Fe y de Córdoba se congregaron en una gran asamblea rural a cielo abierto.
Una vez en ruta, en San Andrés de Giles, unas gomas arden solitarias en un cruce de caminos. Seguimos por la Ruta 7 y un poco más adelante en una estación de servicios en Carmen de Areco, Javier Alasia, productor agropecuario, alerta a otros que "en Junín la Asamblea se reúne de 15 a 19 hs. todos los días. Próximo paso tractorazo por la ciudad", anuncia.
"Vamos a seguir aguantando. Invitamos a los camioneros a parar al costado de la ruta e intentamos que lo hagan alegremente", dice el productor Marcelo Belmartino, parado junto a otros vecinos en la entrada de Gahan, un pueblo ubicado en la Ruta Provincial 31, partido de Salto.
Por la ruta escaso tránsito de camiones y llegando a Salto una bandera se hace fuerte en la rotonda que va hacia la ciudad: "Salto está de pie", dice. Unos 30 productores rurales autoconvocados cuentan a otros que planean presionar al intendente local, organizar un escarapelazo y "escrachar a concejales".
Un poco más adelante llegamos a Rojas. "No paramos a nadie, solo le damos folletos a la gente para que conozca la verdad", explica Adolfo Palmieri, presidente de la Sociedad Rural de Rojas, que junto a otros productores locales teme por infiltrados en sus asambleas.
Al mediodía llegamos a Venado donde los organizadores del acto ultiman detalles en el predio de la Sociedad Rural de Venado Tuerto, frente a un plano que detalla las responsabilidades de cada uno y la ubicación del escenario. "Esperamos más de 3000 personas", se entusiasma Carlos Castagnani, representante de CRA en la zona, y uno de los más activos.
A las 14. 30 todos a la rotonda donde el escenario, con unas improvisadas plateas de fardos, está rodeado por más de 200 tractores, sembradoras, cosechadoras y tolvas. De a poco llegan los presidentes comunales de todo el sur santafesino, intendentes de la zona, senadores provinciales, y María del Carmen Alarcón que no para de saludar y sacarse fotos con los productores que ya superan en número las expectativas.
A media tarde el Obispo de la región, Gustavo Help, sube al escenario y anuncia ante las más de 3000 personas que "todo esto supera al campo, acá se manifiesta un estilo de vida que pide respeto por la ley y las instituciones". Un poco más tarde es el turno de Mónica Polidoro, de Mujeres Agrarias, que grita: "esto no es un piquete, es una concentración. Aguante tenemos nosotras que cargamos sobre nuestras espaldas todas las cosechas". Al terminar lee el slogan de una bandera pintada con aerosol que dice: "¡Presidenta: gracias por unirnos!".
Cuando finaliza el acto suena la marcha de San Lorenzo, compuesta en Venado Tuerto, y todos los productores gritan juntos "¡Argentina! ¡Argentina!". Un rato más tarde los organizadores se reúnen en una estación de servicio a la vera de la Ruta 8, que sigue sin transito de camiones, para ver el acto de asunción de Néstor Kirchner al frente del PJ, en el que habla la presidenta instando al dialogo entre todos los sectores.

domingo, 30 de marzo de 2008

El Apostol Palau



El Apostol

Palau dejó por un rato el hall central del Hotel Panamericano donde estuvo alojado las tres semanas que vivió en Buenos Aires. Está otra vez en la calle, caminando esta vez por la 9 de julio junto a sus dos guardaespaldas y sus tres colaboradores más cercanos. Un poco más atrás su mano derecha en la Argentina, el pastor Ricardo Proietti, no para de hablar. “Tengan cuidado que los quiere predicar”, bromea Palau que está obsesionado con sacarse unas fotos con el Obelisco de fondo y con su Biblia en la mano. Para hacer las poses más naturales ante la cámara dice con fuerza: “¡Argentinos vengan a verme!”. Y repite: “¡Argentinos no me fallen!”.

Así este predicador de la palabra de Jesús, o este conferencista internacional, como le gusta que le digan, pasó haciendo ruido por su país natal durante marzo y se reunió con todos desde Cristina Kirshner y Mauricio Macri, hasta con 180 gremialistas (“53 le entregaron su corazón a Dios”). Pero quien lo hubiera imaginado allá a principios de los 60 cuando este, ahora abuelito de 73, despegó de su Maschwich natal hacia Oregón, Estados Unidos, para intensificar sus conocimientos en inglés y, por supuesto, meterse de lleno en su carrera teológica. “Conocí a Jesús en un campamento de verano al pie de las montañas de Olavarría cuando un consejero espiritual pegado a Cristo me sentó y me guió a recibirlo en mi corazón”, cuenta. Desde aquel día se empapó de vida eterna y logró entender porque su padre había muerto cuando él tenía 10 años. Su madre le dijo un día sentada en su cama: “tu papi está gozando del cielo, está con la presencia de Dios. El está gozando del cielo, está contento, y ya nos vamos a volver a encontrar”.

En su primer viaje a Estados Unidos conoció a su mujer Patricia con la que tuvo 4 hijos. Hoy todos de alguna manera trabajan junto a su padre en la administración y contaduría de la Asociación Luis Palau, que él mismo dirige jy coordina, contando además con representantes en varios puntos del mundo, principalmente en Sudamérica.

Aunque eso sí, Andrés, el más chico de todos sus hijos, lleva sobre su espalda una de esas historias de redención que al mismo Palau le encanta contar ante las multitudes: la historia del fracasado que de un día para el otro se convierte al reino de Jesús y encuentra el camino del éxito con solo desearlo y aceptar la mano de Dios. “Si alguno de mis hijos fuera ateo lloraría mucho. Andrés pasó varios años paseando por el mundo, andaba con sus fiestas, pero a los 27 años se entregó a Dios. Pese a que tenía sus cositas y sus cosotas, Jesús lo perdonó. Hizo su maldad, tomaba sus cervezas, pero aunque no era malo se fue con los muchachos del mundo”, recuerda Palau. Ahora el final feliz: “hoy predica la palabra del Señor y está casado con dos hijos, y está por adoptar un niño de Etiopía”.

Con 48 años de casado, el predicador más popular de Americana Latina vivió junto a su esposa en Costa Rica, Colombia y México para finalmente afincarse en Portland. “Las puertas del mundo se fueron abriendo. Hemos estado en 75 naciones llevando la palabra de Jesús”, aclara. Hoy el ojo de Palau está puesto en los países árabes, en Oriente y en Asia donde su mismo hijo Andrés se encarga de predicar al fiel estilo de su padre.

Aunque eso sí, a Palau se lo nota obesionado con China, y habla de la mala influencia comunista y de su libro “Dialogo amistoso entre un ateo chino y un cristiano argentino” que promocionó directamente en cuanto lugar pudo hacerlo. “Mi libro está en todas las librerías y quioscos de revistas. ¡Comprenló!”, ordenó en el medio de los mensajes que dio en la 9 de julio.

Cristo ayuda

La retórica de Palau y de buena parte de los pastores evangélicos es simple pero tentadora: los buenos están del lado de Jesús, no se drogan, no secuestran y no asesinan. Los malos son drogadictos, violadores y asesinos de dudosa moral que andan por las calles sufriendo y haciendo sufrir. Pasar de malo a bueno implica entregarse a Dios, y claro que el conductor ideal de esa entrega es Palau. También en los mensajes no deja de enfocarle a la irresponsabilidad paterna haciendo punto en los jóvenes y en las madres solteras. “Se me parte el alma al ver a la juventud que en vez de triunfar, sufre, que vienen de familias divididas. Me hacen sufrir las chicas violadas, por eso enfatizo en la juventud”, dice con fuerza.

Y cuando Palau grita y habla el sentido de que todo está en crisis se mezcla con un mensaje apocalíptico del mundo de hoy que solo puede ser redimido a través de fe religiosa. “Yo hice mis cosas, quien más quien menos todos en algún momento pecamos. Pero la vida sin Cristo es vacía, es triste, por eso la muchachada se quita la vida. Jesús te da equilibrio y control propio”, cuenta.

Pero a Palau no solamente Jesús no parece dejarlo solo, en su espalda cuelga una parafernalia de comunicación que se sostiene en programas de radios y de televisión que se emiten en radios evangélicas de todo el país, en campañas gráficas y en el trabajo fuerte de las bases que codo a codo golpean puerta por puerta predicando la palabra de Dios. Así en los festivales que organizó en marzo en la 9 de julio se calculó unas 300 mil personas que llegaron de todas partes del conurbano, una gran parte de ellos en micros y combis contratados por las mismas iglesias. “No se porque se preocupan tanto de los fondos del festival: un gran porcentaje de la plata proviene de empresarios estadounidenses, y de dos o tres ingleses y mexicanos. También de gente sencilla de la Argentina”, exolica.

Con más de 30 libros publicados y 4 páginas webs, Palau se garantiza la llegada un público de todas las edades y aunque se esfuerza en asegurar que su mensaje no tiene corte político sus movimientos parecen demostrar lo contrario cuando se reúne con cuanto gobernante cruza. “Cuando era joven desde el cristianismo evangélico nos decían que un cristiano no podía estar en política porque era sucia, y yo les decía que la política no es sucia, puede haber políticos sucios, pero la política es muy noble porque es guiar a la nación. Quien me escuche se va a dar cuenta que siempre empujo a la muchachada para que entre a la política”.

Amistades peligrosas

Sus detractores no escatiman en acusarlo de apoyar a gobiernos golpistas, y de simpatizar con la derecha más ortodoxa, pero entre las más cuestionadas de sus amistades está la que mantiene desde hace más de 5 años con George Bush. La historia cuenta que apenas unas horas después del atentado a la Torres Gemelas, Palau fue citado por un Bush aturdido que buscaba la palabra de un asesor religioso. “Hicimos un documento pidiendo que no tomara venganza, que se tome su tiempo para seguir, aunque evidentemente no nos hizo caso. Vaya a saber quien lo asesoró después”, cuenta Palau. “Me llamó la atención que me contara que su señora estaba en la Casa Blanca muy cerca de donde cayó uno de los aviones. ¡Se conmovió el tipo, y los ojos se le llenaron de lágrima!”, recuerda. Después se reunieron unas siete veces más a charlar sobre temas que el mismo Palau no quiere detallar.

“Es cierto que he guiado a varios presidentes sudamericanos hacia Cristo, pero no puedo decir sus nombres porque ellos no lo quieren decir. Bush contó de sus problemas, que ha sido cambiado por Cristo después de haber tomado mucho y estar al borde del desastre familiar y la gente lo critica porque dicen que mezcla la política con la religión”, se justifica Palau sentado en uno de los sillones de hall central de Panamericano.

En la puerta del hotel lo espera su combi. Los colaboradores otra vez están como locos intentando que los fanáticos con remeras de que dicen Palau bien grande y en azul no lo traben en su andar hacia el festival. Palau sale sereno, sonríe y pide calma, más tranquilo y seguro que ninguno. Halaga a todo el mundo que está en la escena: a sus guardaespaldas, a su jefe de prensa y a los jóvenes que están ahí paraditos viéndolo. Cuando se va en su combi de vidrios polarizados hacia el festival, seguido por policías motorizados, se quedan todos contentos como endulzados por su presencia.

“Yo no quiero que me siga nadie. No soy un líder de secta. Una vez que le presento a la gente a Cristo los dejo, y les digo chau nos vemos en el cielo”, cuenta ante de salir a escena.

En unos minutos más Palau estará pidiendo desde el escenario aplausos, y el público aplaudirá, y pedirá un Amén urgente tras cada frase que lo merezca y todos juntos y sin chistar gritarán ¡Amén!

domingo, 2 de marzo de 2008

La buena de Salta


Sobre la mesa

Sabores que mezclan tradición con frutos de la tierra y una cocina rica gracias a sus empanadas, tamales, locros y humitas. En Salta también los más sabrosos quesos de cabra y el vino torrontés propio de la zona de Cafayate. Una gastronomía de recetas familiares que se enriquecen de generación en generación.

La mesa de la gastronomía salteña, bien representativa del norte del país y de toda la Argentina, se luce con una invitación que contempla recetas complejas y elaboradas, heredadas de los mismos españoles que colonizaron la zona, en combinación con la cocina popular propia de las culturas originarias. Así sobre el mantel sabores ancestrales ligados deliciosamente con frutos de la tierra norteña, recetas que se mantienen desde la época colonial pero que con el correr del tiempo se fueron enriqueciendo con productos locales como el maíz, la quinoa y las papas andinas; y con carnes de animales alimentados con pasturas naturales como el chivito, el cordero y la llama.
Pero en Salta, como en toda cocina compleja, hay una base típica inmodificable que se sostiene en la carne de vaca, cordero, cabra, cerdo y gallina; el maíz, porotos, huevos, y condimentos como el ají, el comino y el pimentón.
De esta unión nacen por ejemplo las banderas gastronómicas que distinguen a la provincia del resto del suelo norteño, como los locros (ni más ni menos que un guisado de maíz, poroto, zapallo amarillo criollo, carne y tripa gorda de vaca, con huesitos salados de cerdo), los tamales (masa de harina de maíz rellena con carne de cabeza de vaca o de cerdo, o de charqui), las humitas (elaboradas con maíz jugoso y que se comen saladas o con azúcar y que pueden llevar o no un trozo de queso de vaca o de cabra) y las empanadas (rellena con carne picada a cuchillo, papas, cebolla blanca rehogada en grasa pella, huevos duros y cebolla verde picados, cocinadas en horno de barro o fritadas).
Así de insustituible es la empanada en el menú salteño que desde hace más de 30 años empanaderas de toda la provincia se presentan, para mostrar su estilo y convidar sus secretos, en un Concurso que premia, todos los años, a la mejor empanada de Salta.
Los quesos de cabra y su pareja el torrontés
De Salta también son los más sabrosos quesos de cabra, principalmente nacidos en la zona de los Valles Calchaquíes donde cientos de productores se dedican a la producción caprina. En lo que hace a platos los quesos de cabra suelen aparecer en lasagnettes junto a tomates o como salsas para las pastas.
En la gastronomía salteña un buen queso de cabra tiene su acompañamiento natural en el vino blanco torrontés, también insignia de Salta, más aún de las tierras de Cafayate.
Así, cuanto más viejo son los quesos más se calman en sabor, más se concentran. Por eso también
un queso de cabra joven es fresco y de sabor ácido, por lo que su compañía ideal es un vino joven, torrontés de cepa blanca, bien aromático, típico de Salta por sabor frutal y floral. Ya para un queso de cabra con más de 3 meses de estacionamiento la pareja es un vino torrontés salteño, de cepa blanca, que concentre un aroma de una planta más vieja, con el gusto característico del ahumado del roble.
En cambió para los quesos de cabra saborizados con pimientas u otros picantes va perfecto un torrontés dulce con azúcar.
¿Quién dice que una pareja no puede durar toda la vida? Los quesos de cabra y el vino torrontés son algo así como “el uno para el otro".

La hora de los dulces

Preparados generalmente con frutas de la zona, miel y leche, los salteños son especialistas en la preparación de dulces caseros entre los que se distingue el de cuaresmillo (de los primeros duraznos que nacen, preparados en almíbar), el dulce de cayote, el de higo y el de miel de caña, entre otros. También representativo dentro de la repostería es el dulce de leche presente en infinidad de tortas y postres.
Dentro del mundo del dulce también se destaca el quesillo, que elaborado con leche, se puede acompañar con dulce de cayote, cuaresmillo y nueces. De la fusión de estos dulces nacen tortas típicas como la “Pasta real”.

Hecho en casa
Por estos años la evolución de la cocina salteña propone nuevas recetas que se vuelven a empapar en la tradición de las culturas originales pero esta vez con fórmulas actuales y que están dentro de la llamada cocina “Novo Andina”. En pastas los chefs más avanzados prueban con recetas que van desde ravioles de morcillas y manzanas, hasta ñoquis de berenjenas con salsa de tomate y albahaca.
También son un clásico los pescados en Salta, destacándose las truchas de la zona de Pulares, riquísimas en compañía de las papas andinas.
En Salta para que dudarlo: no hay mejor cocina que la se hace en casa, con recetas familiares que se trasladan de generación de generación.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Alegrias en el agua


Alegrías en el agua

A escala profesional o de fines de semana con amigos, el yachting se ofrece a pleno con la naturaleza. Competencias individuales, en pareja o con tripulación, el velerismo implica entrenamiento y sacrificio: claro que el premio de navegar observando la gran ciudad desde lejos puede ser la medalla de oro que derribe la rutina.

Esa única sensación de vivir a pleno la inmensidad del agua. Sobre el techo del barco y en la noche de río, una guía de estrellas acompaña a los navegantes que apenas ayer atendían en sus oficinas a las urgencias que llegaban vía mail. Apenas ayer cemento, smog, ruido y anteojos con aumento para ver sin fruncir los números en la planilla de Excel. Hoy el viento arrastra con calma a los siete muchachos del velero Drink Team a las costas de Punta del Este; abajo el ancla hace su trabajo firme y el amanecer se acerca aplastando con su vastedad.

Es que así son los deportes-hobbies, mitad en serio y mitad de fin de semana, como una especie de deportista social que en la semana es un analista de sistemas, un administrador de empresas o un jefe de un área comercial que se despoja de la rutina los sábados y domingos apenas zarpa en su barco a vela.

“Navegando prima el espíritu de equipo, se la pasa muy bien, con puteadas y enojos incluidos. Pero el barco olvida, de eso no hay dudas y de eso también se trata navegar”, explica Sergio Tonietti que disfruta de la náutica con un plus: los amigos. Carga su velero llamado Drink Team de siete tripulantes y sale a competir en cuenta regata se torne tentadora. Y sí hay buen tiempo y sopla un lindo viento, de esos que invitan, no se duda más que unos 10 segundos: llamado a algún amigo y al río de cabeza a planear un rato por sobre encima de las aguas.

“Es muy loco que navegando conozcas a tanta gente y de tantos lugares distintos”, cuenta Mariano Varela, un treintañero que apenas sube al barco toma su rol de proel, que en el mundillo del velerismo es como decir “el que más se moja”. Sigue: “comencé por hobbie, por mi afición a la carpintería naval me llegaban partes de barcos para arreglar y un día me invitaron a la primer regata. Ni lo pensé y acepté en el instante”. Pasaron casi 15 años.
Profesional o amateur de fin de semana, navegando solo o como parte de una tripulación de un barco, el velerismo crece a pasos largos en nuestro país y no es para menos, es que su pelotón de bondades promete despeje al aire libre, lucha cuerpo a cuerpo con la naturaleza y diversión en equipo. Tentador, ¿no?

Pero ojo que si la cosa se pone brava y el tiempo no acompaña o las aguas vienen demasiado picadas, cuando las competencias se extienden por más de 20 horas se asoman también las caras largas en el medio del agua. “Te haces sopa constantemente y llegas azul por la hipotermia porque estas mojado desde hace horas. Ahí te preguntas: ¿Cuándo se me ocurrió empezar con este deporte?”, dice Varela. “Pero aunque llegues muy mal, cuando te recompones ya estás pensando en volver. Es inexplicable para alguien que nunca navegó entender la sensación que se vive”, agrega.

Y de la mano del compañerismo viene la camarería entre unos y otros, y pese a que todos se quieren ganar, en general, no hay trampas ni nada que se le parezca. Así cada uno de estos caballeros y damas del agua tienen su club de pertenencia, su escudo en el agua, y entonces cuando un velerista no conoce a otro pregunta para rastrearlo: ¿de qué club es?

“De chico cuando mis amigos se iban a jugar al fútbol yo me iba a navegar, no pensaba en otra cosa”, cuenta Tonietti, que con su padre y hermano navegante, no dudó en sumar al equipo a su mujer e hijo.

Y ya están todos sobre el agua: está el timonel que lidera el grupo, a cargo del barco, el gran navegador que tácticamente planea el viaje según los pronósticos de tiempo. Y está el trimmer que con sus movimientos le da velocidad a las velas, y el piano que sube y baja las velas. También el escotero, y el proel para el cambio de velas.

Aunque eso si los vientos no ayudan o desaparecen a no desesperar porque se

tira el ancla y a sentarse a descansar panza arriba mirando al cielo.


Salir a flotar 
               Pepe Bettini a esta altura logró lo que unos cuantos ansían y otros nunca encuentran: combinar pasión, deporte, hobbie y profesión en una misma bolsa que se llama náutica. Él como tantos otros compite profesionalmente con su velero en nuestro país y en el exterior. “Estoy 364 días en el agua y uno en tierra, si no estoy arriba de un barco compitiendo lo hago para salir con amigos o estando en un gomón dando algún curso”, cuenta Bettini que con varios títulos sobre sus hombros, este año integró el equipo panamericano para los juegos en Río de Janeiro en la clase Lightning.

Pero para llegar a ser un velerista de alto rendimiento hace falta horas y más horas de entrenamiento, y hacerse en competencias donde se pueda medir el nivel. En la Argentina fue recién después de las buenas actuaciones y de las medallas que se obtuvieron en los Juegos de Sidney 2000, cuando el yachting pegó un saltó y creció en número de deportistas.

Y el camino para los amantes del yatching comienza en las primeras categorías hasta que a  los 18 años se abre la puerta de un mundo en donde “ves si tenés un sueño olímpico, si querés correr a nivel nacional o mundial. O si te gusta navegar solo, o con una tripulación”, explica Bettini.
¿Pero quien dijo que el yachting es solo cosa de hombres? Pregúntenle si no a Fernanda Sesto que entrena cuatro días en el agua, y dos en el gimnasio con la mirada puesta en los Juegos Olímpicos Pekín 2008. Bajo este entrenamiento duro Sesto ya participó en los Juegos de Sydney, primero, y Atenas, después; y ahora a los 31 dejó a un lado su carrera de Economista para ser instructora y Team Líder de equipos nacionales que compiten en el exterior. “En Australia se define si llegamos a Pekín. En la Argentina hay cada vez más mujeres compitiendo, cuando empecé había muchas menos. Hoy hasta hay categorías donde hay más mujeres que hombres”, dice Sesto.
               “De chica mi papá nos mandó a todos los hermanos a aprender por diversión yachting y de a poco me fui metiendo, mejorando y aprendiendo. Ya a partir de los 14 empecé a viajar como representante del país en la categoría Optimus”, cuenta Fernanda Sesto que compite en pareja junto a Consuelo Monsegur en la categoría olímpica 470 doble femenino.
               Pero no todos son vientos a favor en los navegantes de alto nivel: “para ser un profesional necesitas mucha plata, porque el material cuesta en dólares o euros. Acá en Argentina sobran los navegantes, hay mucho talento pero al momento de ir a una Olimpiada o ir a un Juego Panamericano te falta todo”, explica Bettini.
               Sucede entonces que en las competencias olímpicas de alto nivel la edad de madurez atlética de los deportistas se da entre los 25 y 35 años, cuando un cuerpo súper bien entrenado puede soportar la preparación dura que el yachting olímpico obliga. 

Así las pasiones del deportista profesional y del hobbista de fin de semana son primas hermanas, seguro que bajo otras dimensiones de entrenamiento y con otros intereses. Pero claro que cuando la brisa da de lleno en la cara, en el medio de un río o un mar, es como si el aire cortara de un saque el automatismo de la semana y la fiereza de la gran ciudad. Y ya no hay nada más que aire, luz y agua. ¿Para qué más?





viernes, 11 de enero de 2008

Un noche con los Quitapenas

Publicado en Revista El Planeta Urbano

El eco de los bombos

Los murgueros se preparan todo el año y se sienten realizados en carnaval. Esta tribu se desvive por alegrar las calles de las ciudades, cantando y bailando al compás de la cotidianidad del hombre común

Los más nerviosos están bastante crispados y no detienen, ni por un instante, su bailoteo, mientras bailan se pintan estrellitas de colores y se desparraman purpurina en la cara. Algunos tropiezan con otros que van y vienen, están también los más pelilargos que aseguran las binchas sobre sus cabezas. De repente todos se mueven al ritmo de los percusionistas que retocan los últimos detalles de las canciones, allá a unos metros y tirados sobre las baldosas de la vereda.
Antes de arrancar la murga pasa revista de las banderas, el estandarte, los bombos y los platillos, para que la fantasía entera, por fin, esté de vuelta en los barrios. Los murgueros suben ansiosos al colectivo, los más precavidos encuentran asientos mientras que los otros de parados nomás incentivan con sus cantos. El motor carraspea como sabiendo lo que le espera: la murga recorrerá las diversas barriadas de Buenos Aires para desparramar toda su fiesta.
Esta tribu es alegría porque es carnaval y ya nada resulta ser lo mismo cuando las patadas de los murgueros vuelan desarmadas por el aire, cuando el presentador invoca a Momo y cuando la espuma se convierte en el arma inevitable para la guerra de los sexos. Es que la murga es ironía, es crítica y sátira social: “todo lo que sube tiene que bajar, hoy todo el mundo se sube al celular”, canta la murga Fileteando Ilusiones.
Los letristas de la murga son como un ojo bien aceitado que observa y no deja pasar por alto las contradicciones sociales, las modas y los engaños. Desde su nacimiento las murgas hablaron de la política y la vida cotidiana: el cambio del dólar, la subida de precios, los sobornos de los políticos y los medios de comunicación. Todo lo que preocupa a Doña Rosa, y también todo lo que escapa a su mirada. Y así cantan Los Quitapenas: “periodista de opinión, serio comunicador espejitos de colores ya compramos al por mayor. ¡Queremos información!”.
Las murgas, por cierto, han luchado siempre por su permanencia. Atrás queda la censura militar, para ser realidad hoy en un número que no hace más que multiplicarse en barrios y ciudades. Solo en Buenos Aires hay cerca de 200 murgas y miles son los murgueros que salen a la calle para divertir y hacer reír a los vecinos.

Patente del barrio.

Ya se sincera el diccionario y avisa que la murga no es más ni menos que “molestar con palabras o acciones que causen hastío por prolijas o impertinentes”. Claro que cada barrio porteño se esfuerza por impregnarle a sus murgueros las temáticas a tratar, las formas de bailar, los colores de las ropas y el estilo definido. Así están “Los fantasmas de Saavedra”, “Los duendes Caballito”, “Los Amantes de la Boca” y “Los Fabulosos de Palermo”, cada una con su tradición barrial a sus espaldas.
El estandarte siempre adelante como la cara lavada de la murga. Llega al escenario y muestra al público su nombre, el año de fundación y de que barrio proviene, todo como si tratase de un verdadero Currículum Vitae emparchado con colores chillones.
Al rato suben los glosistas al escenario. Invocan a Momo, anuncian la llegada de la murga y cantan los temas. Se despiden con nostalgia aunque confiando en el reencuentro. Abajo los bombos, el redoblante y el grueso de la murga en filas que se ordenan y se desordenan en cuestión de segundos.
Termina la actuación y los colectivos humean a la vuelta de la esquina. Suben la fantasía toda y el ambiente del vehículo ya no es el mismo: ahora la murga recorrerá las callecitas de Buenos Aires sumergida en el vapor de sudor, que se sabe es incontenible a medida avanzan las presentaciones por los barrios.

La murga termina su última presentación y todavía repican rezagados -como los corazones murgueros que resisten a la despedida- los últimos bombos.

Del otro lado del río
Separados por el Río de La Plata los murgueros Argentinos y Uruguayos mantienen puntos intrínsecamente diferentes. Las murgas uruguayas son más escénicas en sus presentaciones que las de este lado. “La murga uruguaya está integrada por 17 o 22 murgueros no más. Ellos representan un frente coral que es acompañada por 3 percusionistas”, explica Federico Rigoni de la agrupación murguera de estilo uruguaya “Murga y Media”. Sigue: “es un espacio más intelectual en donde el público tiene menos participación”.
Si bien el objetivo de no callar es patrimonio de ambas, los murgueros uruguayos se explayan interpretando canciones con críticas más poéticas y menos directas que las de los letristas argentinos. Resume el uruguayo Eduardo Galeano en una entrevista: “Es la herencia de la tradición murguera de Cádiz, que de ahí vinieron las murgas uruguayas, como instrumento popular de venganza para tomarle el pelo al poder (...) el carnaval es la revancha del mendigo frente al rey”.

Siempre Febrero
Sin dudas la razón de ser murguera es el carnaval: “al tiempo que sus integrantes arman y sostienen su funcionamiento, aprenden valores intrínsecos del trabajo en común: el compañerismo, la tolerancia, la utilización de códigos comunes. Allí se establecen lazos familiares, de amistad y de solidaridad”, escribe la murguera Luciana Vainer en su libro “Miralá que linda viene la murga porteña”.
Enero termina de ajustar los últimos detalles de los pasos, canciones y vestimentas. Y llega, al fin, febrero. El murguero se abre paso entre el oficinista, el vendedor de libros y la odontóloga. Todos se alejan de sus oficios y profesiones para salir a peregrinar por los barrios, con los nueve o diez carnavales barriales que les esperan por fin de semana.
Cada murguero exhibe con orgullo su levita, porque si el estandarte es la cara de la murga, la levita es, sin dudas, la identificación de cada murguero. Sabido esto, en las espaldas pueden aparecer Bart Simpson, Boca, él “Che” y Los Doors y todo lo que pueda servir como carta de presentación: “¡es como gritar este soy yo!”, dice un percusionista de Los Quitapenas.

Se va la murga
Los carnavales terminan en el acortado febrero, pero el ingenio murguero no se detiene porque las cabezas trabajan aceitadas por el afán de la supervivencia. Allí nacen las rifas, las choriceadas y las colectas para pagar los colectivos, la comida, la bebida y parte del vestuario.
Emboscados por una democracia de asambleas, se reúnen para discutir los pasos a seguir: todos gritan, algunos se pelean y la mayoría se distrae. Finalmente el caos es apagado por los directores que terminan decidiendo lo que se vendrá.

Y otra vez pasa el año y llega febrero. El micro humeando aguarda impaciente y todos de nuevo a subir corriendo porque hay que andar de carnaval en carnaval. Tras cada presentación el sudor, las risas, volver a armar y desarmar, los retos de los directores y los cantos avisando la llegada a un nuevo barrio.

Sintetiza en su libro Luciana Vainer: “Para los murgueros y murgueras el carnaval es su fiesta. Es el momento más esperado de todo el año. Porque es un momento de comunión y descarga que permite renovarse, para así poder continuar con la vida cotidiana. Es que no hay vida sin carnaval”.